Yo sé que Mayra está hablando porque los pájaros
sienten sus gargantas vacías, porque
más allá el roble es sólo una palabra
que nutre, luz arriba, hasta el ramaje,
el sueño de unos ángeles en vuelo:
eco de sed rendido hasta sus labios.
El mar en su boca se devuelve a los ríos
buscando los árboles que palparon sus lomos,
y repicando espuma, alarga su cuerpo por los cauces
donde tímidos peces inician juegos fluviales.
La tierra se enceguece, cierra todos
los montes, hace callar los volcanes
y despacio mueve su piel inmensa
de fabuloso toro, alza la testa
y respira con los árboles el aire
que va saliendo de la voz de Mayra
como un abrazo amoroso, interminable.
La voz de Mayra echada en tierra en el verano
es vegetal como la yerba debajo de los silbos,
es como el cocuyo debajo de la noche
o como si detrás del trigo se notara
el sembrador con una espiga entre los dedos.
En el polen de su aliento hay un bosque
donde respiran las cuatro estaciones:
parece un año quieto en una aurora
donde el borde del viento son los días.
Yo tracé un mapa en la voz de Mayra.
Dibujé continentes, océanos, trasatlánticos,
vastas arenas, lluvias adolescentes,
minas de amapolas con ocultos filones de rosas.
yo pinté cielos altos con luceros más altos
para que su voz subiera por las horas
sin encontrarse con el tiempo.
Y también hice sobre la voz de Mayra
un sitio para mí, humilde,
una isla fugitiva de los barcos.
Su nombre es la sombra de su voz,
su hermosa voz que como un prado se extiende
por el aire;
y para nombrarla hay que llenar las manos de
raíces,
llevar sobre el pecho la lentitud de las hojas
y ser un poco sembrador, un poco trigo.
Pero su voz es de pronto atravesada por las
primeras trenzas
que caían en gotas rubias a la altura del pecho.
Y las manchas también rubias
que en una noche de firmamento alegre
se fueron desgranando hasta su cara
donde se han quedado veinte años.
¡Oh islas rubias que dicen polvo de horas
hermosísimas!
Mayra en todo es voz.
Mayra tiene ojos pero su voz mira,
Mayra tiene boca pero su voz está en un beso,
Mayra tiene manos pero su voz es tacto,
Mayra tiene vientre pero su voz alumbra,
Mayra tiene pies pero su voz es huella,
Maayra tiene sangre pero su voz va por
las venas
balanceando su corazón.
Dios calla de pronto:
por eso cuando ella habla El se queda mudo
y sólo puede dirigir el mundo
con el tacto celeste que circunda sus manos
larguísimas
y que sumerge dentro de la voz de Mayra
para sacarlas chorreando arroyos,
acuáticos lugares sin madera
donde nadan los ángeles.
Yo he ocultado mi sombre entre la voz de
Mayra
para ser luminoso en el crepúsculo,
para tener los huesos sembrados de sonidos,
para que cuando llegue la muerte
se embriague de luz pura.
Ella se irá también como por un crepúsculo.
Y ya me duele su nombre en cada estrella.




